La historia real de dos locos del aire que tocaron el cielo (casi literalmente)
A finales del siglo XIX, la gente vivía con los ojos puestos en lo desconocido. La ciencia, los viajes, el cielo… todo parecía un territorio por conquistar. Era la época victoriana, y entre inventos, descubrimientos y muchas ganas de ir más allá, dos británicos decidieron hacer algo que pocos se habrían atrevido: subir en globo hasta donde nadie había llegado antes.
¿Sus nombres? James Glaisher y Henry Coxwell. ¿Su misión? Llevar la ciencia lo más alto posible. ¿El resultado? Una de las aventuras más bestias —y peligrosas— que ha vivido la aeronáutica.

🎈 Una expedición como pocas
Todo empezó en 1862. Glaisher, un científico con alma de aventurero, quería estudiar cómo era la atmósfera a gran altitud. Lo acompañaba Coxwell, un aeronauta con mucha experiencia (y, por suerte, nervios de acero). Juntos subieron a un enorme globo lleno de instrumentos para medir temperatura, presión, humedad… y también para apuntar hacia lo desconocido.
Despegaron desde Wolverhampton, en Inglaterra, con la idea de llegar muy alto. Tanto como fuera posible. Y claro, en aquella época, eso era jugársela en serio.
🌬️ El aire se acaba… y las fuerzas también
Todo iba bien al principio. Subían, tomaban notas, recogían datos… Pero cuanto más alto estaban, peor se ponían las cosas. El frío era insoportable y el oxígeno, escaso. A unos 8.800 metros de altitud (¡más alto que el Everest!), Glaisher se desmayó. Simplemente, su cuerpo no aguantó más.
Coxwell tampoco lo estaba pasando precisamente bien. Tenía las manos tan congeladas que ya no podía mover los dedos. Pero vio a su compañero inconsciente y supo que tenía que actuar. ¿Cómo lo hizo? Abrió la válvula del globo con la boca, usando los dientes, para comenzar a bajar.
Sí, así de extrema fue la situación.

🪂 Un aterrizaje de milagro… y un legado enorme
Por suerte, el descenso fue relativamente suave. Glaisher recuperó el conocimiento y ambos lograron aterrizar sanos y salvos. Contra todo pronóstico, sobrevivieron. Y no solo eso: los datos que recogieron durante ese vuelo ayudaron a entender mejor cómo funciona nuestra atmósfera y marcaron un antes y un después en la meteorología.
Lo que hicieron fue tan valiente —y tan increíble— que todavía hoy se recuerda como una de las mayores gestas de la ciencia en globo.
✈️ El papel de los globos en la historia de la aviación
Mucho antes de que existieran los aviones, los globos fueron la primera forma en que el ser humano se elevó del suelo. Gracias a ellos se aprendió a “leer” el cielo, a estudiar el tiempo, e incluso a soñar con volar.
Y lo mejor es que hoy en día todavía se puede vivir esa experiencia. Volar en globo no es solo un paseo bonito (que lo es). Es una forma de conectar con el espíritu de aquellos primeros aventureros, con esa mezcla de asombro, respeto y emoción que se siente al flotar por el aire.
💭 ¿Te atreverías tú?
Imagínate ahí arriba, sin ruidos, sin prisas, con todo el paisaje a tus pies. Un momento de calma total. De esos que no se olvidan.
Tal vez no llegues tan alto como Glaisher y Coxwell, pero créeme: la sensación de aventura sigue siendo la misma.






